Ni los asoleados, ni los perros, ni los albañiles, desearon ser testigos de semejante atrocidad.
En el pleno sol de las 12 de la tarde, en un conocido sector adinerado de la ciudad, Lucia Beltrán Vargas “la calienta chiles” se prendió fuego frente a lo que en el futuro pudo ser la puerta por la que pasaría todos los días. Por más de un mes la gente olio sus últimos minutos y comenzó el rumor que paso a convertirse en la maldición del paso de una calle y una entrada.
un año más tarde los niños juegan por las mañanas a la “calienta huevos tatemada”, por las noches los emos fuman mariguana, y uno que otro indigente ahí duerme y cuenta mil historias de sus noches manchadas por su locura que le da falta de credibilidad.
Una carta en la que se reunieron varias firmas de señoras menopáusicas presentaba una queja al ayuntamiento, en la cual se ponía en evidencia el mal olor y las actividades inmorales que realizaban los llamados “jóvenes sin hogar y con muy mala actitud hacia la vida”.
El ayuntamiento (presionado por los vecinos y preocupado por aquel sitio de escape de una civilización deseosa de estar confundida), decidió comprar la casa y fundar el centro de reunión juvenil “lucia Vargas”.
En el centro juvenil “lucia Vargas” se conocieron Arturo y Julieta calurosa tarde durante un extenso discurso de un burócrata obeso que pretendía cambiar de puesto en una,. Entre el burbujeo del refresco barato, Arturo le pregunto a Julieta si conocía la razón de el nombre de la institución, Julieta respondió que una tal calienta chiles se había prendido viva, Arturo le pregunto si savia porque le decían así, Julieta lo beso en la boca y se marcho de su vida.
Pasaban tres años cuando el centro juvenil “lucia Vargas” se incendio, llevándose consigo al perro guardián del edificio, y las almas 4 albañiles que intentaron apagar el incendio quedaron atrapadas dentro del edificio al colapsar sobre sí mismo.
Testigos informan el avistamiento de un joven con una lata de gasolina, que murmuraba, “pinche calienta chiles”.
2 comentarios:
Que buen cuento
Calientame...con besso en la mano
te amo
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